Leo y Judith resolvieron ser creativos con La Salamandra. Primero la convirtieron en posada–galería, luego inventaron Artebosque con los artesanos más famosos de la región y el país, y ahora se pusieron gastronómicos, pues dictan talleres una o dos veces al mes, con el suculento apoyo de Azafrán Gourmet, donde se esmeran Soledad y Marisela. La cita es en Duaca, a 45 minutos de Barquisimeto.
VALENTINA QUINTERO
Cómo llegar.
Deben tomar la autopista del centro, luego la Variante de Yagua, llegan a Morón, agarran la carreterita a un lado hasta que puedan entrar a la autopista Rafael Caldera y por fin Barquisimeto. Por cierto, no logro entender por qué no abren esta autopista completa. Desde hace años el fulano atajo de tierra para entrarle y nada que entendemos qué ocurre. Tampoco hay quien se ocupe de controlar a los insensibles, malandros y ecocidas que venden loros a la orilla de la autopista. Siempre están ahí, las autoridades lo saben, la gente los denuncia y nada.
Lo que falta es que les pongan su kiosquito legal con jaulas y todo, porque ¡pobrecitos, de algo tienen que vivir!
Tan familiar La Salamandra. Leo Garcés estuvo muchos años ocupándose de la cocina en la posada Valetico, de su mamá y su papá, ahí mismo en los predios de Duaca, hasta que se independizó, se casó y montó posada propia junto a Judith. Como estudió algunos años de arquitectura, construyó un lugar precioso, la posada La Salamandra, con una piscina que cae en cascada, una casa de adobes con pisos de cemento pulido, unos espacios abiertos y francos para compartir con la visita y una vista amplia de esa vegetación xerófita que caracteriza la zona.
No les interesan las muchedumbres, tampoco el crecimiento acelerado. Piensan más bien en los grupos pequeños y cercanos, para poder conversar y terminar amigos de sus huéspedes.
Quieren ser una referencia “verde”, “ecológica”, “amable con el medio ambiente”. Utilizan materiales nobles para la construcción. Indican la difi cultad para conseguir agua y solicitan su cuidado. Protegen los bosques de cujíes alrededor para que lleguen las aves y sea su canto lo que despierte a la visita.
Muy temprano colocan un termo con café, para que el amanecer sea gentil y decidas a tu ritmo el proceso de integrarte al mundo. Desde el corredor puedes ver la cocina y descubrir los manjares que se preparan antes de llegar a la mesa. El desayuno tiene arepitas, nata, quesos de la zona, huevitos, caraotas refritas, alguna salsa de aguacates, jugos naturales, café con leche recién hecho y es probable que algún ponqué para mojar en el café.
Como en la casa pues. Cenas y almuerzos sorprenden por sus aromas y sabores gourmet. Es un espacio para recibir atenciones, consentimiento.
Aliados de los artesanos. Pero no se conforman con eso. Judith recorre Lara y el país para ofrecer las obras más estelares de los artesanos. Se esmera en la selección, pide piezas exclusivas, las expone preciosas en su tienda dentro de la posada, al lado del corredor. Muchos detalles que verán en la casa se venden. Y si algo les gusta mucho, pueden encargárselo a Judith. Fue tal el éxito del concepto Posada – Galería La Salamandra, que ya han hecho dos veces Artebosque, un evento precioso en el que artesanos especiales y seleccionados por ellos, acuden con sus creaciones y las ofrecen durante dos días bajo el bosque de cujíes.
Mientras la visita acude, hay música larense en vivo, comida exquisita y esa dicha de conversar directamente con los artesanos para que nos cuenten cómo es que logran esas piezas tan perfectas, sutiles, originales e irrepetibles. Este año será el 29 y 30 de noviembre, para celebrar el éxito de las elecciones o en un intento por superar el guayabo.
Cocinar, conversar y comer. Soy una convencida de que hay que inventarle actividades a los huéspedes. No podemos llenar un pueblo de posadas sin nada qué hacer en los alrededores. Pues Leo resolvió hacer talleres de cocina de un día en La Salamandra, desde las 10:00 am hasta las 4:00 pm, sábados y domingos una o dos veces al mes. Es lo máximo. Fuimos a uno.
El grupo de 18 aprendices se instala en la churuata frente a la piscina, escuchando el sonido de las cascaditas. Una señora trajo a los dos hijos, la nuera y el yerno. Otro grupo es habi tué “han asistido a los cuatro talleres”. Una muchacha se cae, el tobillo se le pone gigante, pero el novio médico la consuela y ella insiste en quedarse, sentadita y con la pierna levantada. Yo llevo al novio, ignorante total en las lides gastronómicas. El ambiente es relajado e informal. Los tres profesores Leo Garcés, Soledad Alberdi y Marisela Riera se comparten la dicha de enseñar. Aprendemos a preparar dos abrebocas: mousse de aguacate con curry y unos camarones con coco sobre un puré de plátano que tiene naranja. Lo más rico es que comemos de todo a medida que está listo y se puede repetir. Con la entrada una sopa de tomate mundial, atómica, reconozco que sólo conocía la Campbell de lata se da inicio a la ronda de las bebidas espirituosas, pues hay un patrocinante. Los aprendices van ganando euforia. En una de esas, Soledad se pone teatral y cuenta una historia. Es una cuenta cuentos profesional. Juras que volviste a la infancia cuando la madre abnegada contaba un cuento antes de dormir. Es una delicia. Ahora toca el turno de los platos fuertes: tostada caroreña en versión gour met, bella, sifrina, y polvorosa de pollo. Supimos que el pollo se pone al grill y se pica en cuadritos. Aprendimos a pelar tomates y hacer concasé. Entendimos que las pepitas y el corazón no se botan, porque con eso se compra el BMW. El postre era complicadísimo.
Un tulip con un ponquecito, una sopa de guanábana y un culi de fresa. Sólo un enamoramiento
desbarrancado induce a un ser humano a esa fajación de postre.
Cuando son como las 2:30 pm o 3:00pm, suben los aprendices y se convierten en comensales. Es la hora de servir las suculencias aprendidas. Un momento estelar para conversar, darse cuenta que tienes amigos en todas partes, aprovechar el maridaje con los vinos y esperar la tarde, el crepúsculo larense, la sobremesa feliz.
Le propusimos a Leo y Judith convertir esta dicha en plan de fin de semana, con hospedaje en Valetico, la posada de enfrente donde cabe más gente y los talleres sábado y domingo, con baño de piscina, caminata, yoga y aprendizaje de un desayuno, una cena y un almuerzo. Tremendo plan de fin de semana. Dijeron que lo pensarían.


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